La Financiación Circular, la oportunidad de incrementar la rentabilidad para intermediarios y negocios
La transición hacia una economía circular no es una utopía filantrópica, es una estrategia de inversión superior. Un estudio de la Universidad de Bocconi con más de 200 empresas europeas lo confirma: a mayor circularidad, menor es el riesgo de impago de la deuda y mayor la rentabilidad ajustada al riesgo.[1] Estamos ante una redefinición del capital, donde la sostenibilidad y la rentabilidad se refuerzan mutuamente. El sistema lineal de “usar y tirar” es, financieramente, un modelo obsoleto y de alto riesgo, expuesto a la volatilidad de las materias primas. La pregunta ya no es si debemos financiar la transición circular, sino cómo hacerlo con inteligencia y escala.
Para navegar esta transición, el primer paso es entender que los criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG) no son un filtro moral, sino una herramienta avanzada de gestión de riesgo. Integrar la circularidad —eliminar residuos desde el diseño, mantener materiales en uso y regenerar la naturaleza — es una estrategia directa para mitigar la dependencia de recursos finitos y, por ende, construir empresas más resilientes y rentables.[2]
El mercado ya ha creado un arsenal de instrumentos financieros para esta tarea. Los Bonos Verdes son ideales para financiar activos específicos con un impacto claro, como una planta de reciclaje o un proyecto de gestión de agua. Pero la verdadera revolución está en los Préstamos y Bonos Vinculados a la Sostenibilidad (SLLs y SLBs). Estos instrumentos ofrecen fondos flexibles para uso corporativo general, pero su tipo de interés está ligado al cumplimiento de metas de sostenibilidad de toda la empresa, como reducir su generación total de residuos o aumentar el contenido reciclado en sus productos. Para proyectos pioneros en mercados emergentes, el Blended Finance (financiamiento mixto) usa capital público para “des-riesgar” y atraer múltiplos de inversión privada. E incluso modelos de negocio innovadores, como el Producto como Servicio (PaaS) —donde se paga por el uso, no por el activo—, se convierten en estructuras financieras que alinean el éxito del fabricante con la durabilidad y reparabilidad del producto.
Sin embargo, los instrumentos por sí solos no bastan; la credibilidad exige nuevas y mejores prácticas. La debida diligencia moderna requiere aplicar la doble materialidad: analizar no solo cómo el clima y la regulación afectan las finanzas de la empresa, sino también cómo las operaciones de la empresa impactan en el planeta y la sociedad. Esto exige medición rigurosa con Indicadores Clave de Desempeño (KPIs) específicos, como la “tasa de material circular” y una transparencia radical. Regulaciones como la Directiva CSRD en Europa están elevando el estándar, forzando a que los datos de sostenibilidad sean tan auditables como los financieros. Pretende ser el principio del fin del greenwashing.
Afortunadamente, ya existe un ecosistema de capital funcional que demuestra que esto es posible. Los bancos multilaterales y de desarrollo (como el BID Invest o el Banco Mundial) actúan como catalizadores, asumiendo el riesgo inicial y probando conceptos, como los bonos soberanos sostenibles o las estructuras de blended finance. La banca privada (como ING, BNP Paribas o UBS) aporta la escala masiva, estructurando préstamos multimillonarios para gigantes corporativos o innovando con canjes de “deuda por naturaleza”.[3] Finalmente, el capital de riesgo y de impacto (como Closed Loop Partners) inyecta el capital paciente en las startups disruptivas que están inventando los nuevos materiales, modelos de negocio y tecnologías de reúso, remanufactura, reparación y reciclaje que definirán el futuro.[4]
El futuro de la inversión se centrará en retos aún más complejos como la biodiversidad y la “transición justa”. Para capitalizar esta ola imparable, las recomendaciones estratégicas son claras. Las empresas deben dejar de ver la sostenibilidad como un apéndice de marketing e integrarla en el núcleo de su diseño de negocio, midiendo su impacto de forma verificable. Los inversores y bancos, por su parte, deben desarrollar una experiencia técnica profunda, ir más allá del carbono y colaborar activamente en la estandarización de estos nuevos mercados. La oportunidad económica es inmensa, pero requiere audacia, innovación y, sobre todo, un nuevo rigor analítico.
Las opiniones expresadas en los artículos publicados en este sitio son exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la posición de Cámara Verde. Cámara Verde no asume responsabilidad legal por los comentarios, afirmaciones o referencias a marcas, productos o servicios contenidos en dichos textos.
Autor
Alejandro Pagés Tuñón
Director del Comité de Finanzas Sostenibles de la Cámara verde de Comercio Latam (México)
www.linkedin.com/in/alejandro-m-pages-tunon
Referencias
[1] Estudio de la Universidad de Bocconi sobre 200 empresas europeas que correlaciona circularidad con menor riesgo crediticio. Financing the Circular Economy: Funding for Net Zero | Ellen MacArthur Foundation
[2]La circularidad como factor de resiliencia empresarial y menor riesgo de impago. Finanzas y economía circular – Ellen MacArthur Foundation, Más dinero, más soluciones: Debemos replantearnos las finanzas para impulsar la revolución de la economía circular – Ellen MacArthur Foundation
[3] Casos de éxito de banca privada, como los SLL de ING (AB InBev) y el Bono Azul de Belice (Credit Suisse/UBS). ing.com/Newsroom/News/ING-in-largest-ever-sustainability-linked-loan.htm, Belize: Swapping Debt for Nature – International Monetary Fund (IMF)
[4] Casos de éxito de capital de riesgo, como Closed Loop Partners y Circulate Capital, enfocados en innovación. The Transition to Circularity – Closed Loop Partners, Investments | Circulate Capital

