Compost: del residuo al recurso, una acción climática que cultiva comunidad
Cuando pensamos en cómo contribuir al cuidado del planeta desde nuestro día a día, el compostaje surge como una de las acciones más concretas, accesibles y transformadoras que podemos adoptar. A lo largo de los años he podido acompañar procesos en hogares, comunidades y organizaciones donde compostar ha dejado de ser solo una técnica para transformarse en una herramienta educativa, una forma de regenerar suelos y una excusa poderosa para reunir a personas con un propósito común.
En Chile, una persona genera en promedio 1,25 kilos de basura al día. La mitad corresponde a residuos orgánicos, los que usualmente terminan en vertederos o rellenos sanitarios. Al descomponerse en estos lugares sin oxígeno, los restos generan metano, un gas de efecto invernadero al menos 25 veces más potente que el CO₂. Compostar, en cambio, permite tratar esta materia orgánica en presencia de oxígeno, evitando la generación de metano y reduciendo significativamente nuestra huella de carbono. Se estima que por cada tonelada de residuos orgánicos compostada, se evita la emisión de unos 93 kilos de CO₂ equivalente.
Y si bien el impacto ambiental es contundente, no es el único. El compost obtenido al final del proceso mejora la estructura del suelo, aumenta su capacidad de retención de agua, aporta nutrientes esenciales y permite revitalizar áreas verdes urbanas, huertos o viveros comunitarios. A esto se suma que compostar nos conecta con el ciclo natural de los alimentos, fomenta hábitos responsables y genera espacios de encuentro entre vecinos, familias y organizaciones que se reúnen en torno a una práctica sencilla, pero profundamente significativa.
Una de las formas más directas de comenzar es el compostaje domiciliario. Basta con una compostera adaptada al espacio disponible, un poco de información sobre la mezcla entre residuos “verdes” (como restos de frutas y verduras) y materiales “cafés” (como hojas secas o cartón), y algo de constancia. Con esto, cualquier hogar puede transformar sus restos orgánicos en abono, sin malos olores ni complicaciones técnicas. En nuestra experiencia, cuando las familias reciben orientación adecuada y acceden a soluciones prácticas, compostar se convierte en una rutina casi tan natural como separar los reciclables.
Para contextos donde la vida comunitaria es más intensa o donde muchas personas conviven, como en edificios, condominios o colegios, el compostaje comunitario ofrece una alternativa colaborativa y eficiente. A través de composteras de mayor capacidad, especialmente diseñadas para compartir el proceso entre varias personas, es posible procesar residuos de manera conjunta, generando beneficios ambientales y sociales. En muchos casos, se habilitan espacios comunes con turnos de gestión, y los resultados se traducen en compost para jardines colectivos, huertos urbanos o áreas verdes del entorno. Además de evitar que estos residuos terminen en la basura, se fortalece el tejido comunitario y se generan oportunidades de educación ambiental permanente. Algunos sistemas de compostaje comunitario bien diseñados pueden tratar entre 30 y 2500 kilos diarios de residuos orgánicos, incluyendo restos cocinados y cárnicos, gracias a su capacidad de alcanzar temperaturas adecuadas y asegurar un proceso aeróbico sin malos olores ni lixiviados.
Cuando el volumen de residuos orgánicos crece y proviene de empresas, instituciones o municipios, el compostaje industrial de cercanía permite escalar esta solución. A diferencia de los grandes centros de tratamiento lejanos, estas instalaciones se diseñan para ubicarse cerca del punto de generación de residuos, evitando el transporte a largas distancias y reduciendo costos logísticos. Hoy existen tecnologías como los túneles de compostaje, capaces de tratar entre 6 y 42 metros cúbicos diarios, que permiten descomponer en solo 35 a 40 días incluso materiales más complejos como lodos, estiércol, residuos de faenas agrícolas o digestato de plantas de biogás. Estas soluciones permiten a empresas o gobiernos locales reducir sus costos de disposición en al menos un 30% y, al mismo tiempo, obtener compost para paisajismo, reforestación u otros usos agrícolas. Lo que antes era un gasto operativo asociado a la “basura”, se convierte en un recurso útil para regenerar suelos y cerrar el ciclo de la materia orgánica.
Pero más allá de la escala, lo que realmente permite que el compostaje se mantenga en el tiempo es el componente humano. Los mejores resultados no vienen solo de la tecnología, sino de la educación, el acompañamiento y la participación. Hemos visto cómo en un condominio, un vecino motivado puede transformarse en gestor ambiental, contagiando a otros y manteniendo el compromiso con el proceso. Lo mismo ocurre en escuelas, donde los niños aprenden desde pequeños a reconocer los residuos como recursos, y en empresas que integran el compostaje como parte de su cultura organizacional.
Compostar también es una forma de educar sobre regeneración. No solo reducimos impactos negativos, sino que devolvemos nutrientes a la tierra, recuperamos suelos y fortalecemos la resiliencia de nuestros entornos frente a la crisis climática. Suelos con buen contenido de materia orgánica, enriquecidos con compost, almacenan más carbono, absorben mejor la lluvia y toleran mejor las sequías. En ese sentido, el compostaje no solo es una forma de manejo de residuos: es una acción climática local.
Al mirar hacia el futuro, necesitamos multiplicar estas soluciones en todos los niveles. En hogares, barrios, instituciones y gobiernos locales. Y para que eso ocurra, es clave el trabajo en red. Por eso, desde Ecología en tu Barrio hemos promovido el compostaje como una solución accesible, replicable y efectiva, tanto a nivel técnico como educativo. Hoy somos parte de Cámara Verde Chile como miembros fundadores, porque creemos profundamente en el propósito que compartimos con muchas otras organizaciones: regenerar nuestro vínculo con la naturaleza, reducir nuestra huella ambiental y construir una cultura que valore lo que antes simplemente se desechaba.
Compostar no es una moda ni un lujo: es una práctica esencial para avanzar hacia una economía circular y una sociedad más consciente. Y lo mejor de todo, es que está al alcance de todos.
Autor
Hugo Muñoz
Director Ecología en tu Barrio
Fundador Cámara Verde Chile