Cadenas cortas de suministro: Hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles y resilientes
Cada vez más personas quieren saber de dónde viene lo que comen. No obstante, las cadenas cortas de suministro emergen como una alternativa capaz de transformar los sistemas agroalimentarios. Estas logran acercar a productores y consumidores, fortalecen las economías locales y reducen el impacto ambiental asociado al transporte y a los intermediarios. Apostar por productos locales no solo es una decisión de compra, sino una forma de apoyar la sostenibilidad y el bienestar de las comunidades. Así se aseguran sistemas alimentarios más resilientes y equitativos.
Por:Vilma Estefanía Tapias Benítez
Las cadenas cortas de suministro hacen parte de las redes alimentarias alternativas, las cuales, mejoran la coordinación del suministro e involucrar a los consumidores como actores activos en el sistema alimentario local, típico y orgánico (Giuca, y De Leo, 2019). Los agricultores pueden vender a un precio más alto y los consumidores tienen más facilidad para acceder a productos alimenticios frescos y de temporada, así como también obtener información más precisa sobre el origen de los productos alimenticios para tener una relación más fuerte con los productores. Dado lo anterior, las cadenas cortas pueden resolver problemas globales como el cambio climático y la justicia social (Drejerska y Sobczak-Malitka, 2023).
Los consumidores exigen cada vez más alimentos más seguros, saludables y respetuosos con el medio ambiente. Además, las cadenas cortas requieren limitar al máximo el número de intermediarios entre el productor y el consumidor. Esta disminución de intermediarios permite la formación de un vínculo más fuerte de confianza entre consumidores y productores. De hecho, los restaurantes, chefs y consumidores tienen más confianza en los productos locales porque la frescura y la fidelidad de los clientes habituales, puede garantizar potencialmente el éxito de las ventas de los productos (Horská et al., 2020). Otro criterio importante de una cadena corta es la estrecha relación geográfica entre productor y consumidor. Los consumidores conocen mejor al productor y se puede desarrollar la confianza, el respeto mutuo y el compromiso de seguir haciendo negocios entre sí; esto conduce a la lealtad del consumidor (Ványi y Felföldi, 2021).
Hay un creciente interés en las cadenas cortas de suministro tanto en las zonas rurales como urbanas. Otros factores que fomentan este interés es la mayor importancia de la producción o cultivo propio, las tradiciones, la demanda de productos orgánicos y la obtención de información directamente del productor (Kiss et al., 2020). Asimismo, hay un número cada vez mayor de consumidores buscan fuentes alternativas de alimentos producidos cerca de su lugar de residencia (Jarzebowski et al., 2020).
Es importante mencionar la relación de las cadenas cortas de suministro con los tres pilares de la sostenibilidad. Para la dimensión económica, la cooperación en los canales cortos de venta afecta positivamente a los productores y consumidores. A los agricultores les permite mantener una mayor participación en el precio de venta final. También benefician a los consumidores, que reciben productos frescos de un productor identificable y conocido. Además, estas cadenas permiten a las personas con bajos ingresos comprar alimentos saludables a un precio asequible y permiten establecer asociaciones a largo plazo entre productores de alimentos y consumidores. Las cadenas cortas apoyan a los sistemas alimentarios sostenibles y aumentan su resistencia a los choques que ocurren en los mercados globales (Drejerska y Sobczak-Malitka, 2023).
La eliminación de intermediarios aumenta la participación de los agricultores en las ganancias, y los consumidores están dispuestos a pagar mucho más por los alimentos de su provincia o los alimentos producidos localmente. Una cadena corta de suministro tiene un impacto positivo significativo en los ingresos de los agricultores. Para promover el desarrollo sostenible de las cadenas cortas, se deben considerar los beneficios económicos a largo plazo para los agricultores (Zhang et al., 2019).
Las cadenas cortas permiten que los productores con un tamaño de explotación pequeño y un volumen pequeño puedan participar más fácilmente. Cuando los consumidores se comprometen con el productor a largo plazo, se reduce la incertidumbre del productor sobre la producción y las ventas, contribuyendo así a mejorar la competitividad y la viabilidad económica de los productores (Ványi y Felföldi, 2021). Las cadenas cortas también contribuyen a aumentar la rentabilidad de las pymes en un mercado cada vez más global y diversificado (Testa, Galati et al., 2020).
Muchas veces los pequeños productores, especialmente del sector agrícola, no pueden competir con los grandes centros comerciales, que dominan el mercado. Para resolver este problema, es pertinente una innovación de la cadena corta de suministro donde el cliente acude al fabricante, y en el acto recoge y paga los productos que quiere comprar (Drljača, 2019). La demanda cada vez mayor de los consumidores hacia la producción local, se traduce en un aumento de los ingresos para los pequeños productores (Testa, Migliore et al., 2020). Estos se benefician al maximizar sus ganancias, así como también se satisfacen necesidades sociales (Migliore et al., 2015).
Con base en lo anterior, las cadenas cortas tienen una participación en la dimensión social. En primer lugar, se promueve la salud del consumidor porque estas cadenas fomentan la producción y distribución de alimentos orgánicos y saludables. En el caso contrario, las cadenas de suministro de alimentos largas y globales suelen requerir largas distancias de transporte, lo que puede provocar una pérdida de calidad del producto. Las frutas y verduras deben cosecharse antes para sobrevivir al viaje, lo que puede afectar negativamente a su contenido de vitaminas y propiedades nutricionales. En las cadenas cortas, los alimentos van directamente del campo al plato sin intermediarios innecesarios ni largas rutas de transporte, lo que garantiza su calidad y frescura (Drejerska y Sobczak-Malitka, 2023).
En segundo lugar, las cadenas cortas permiten construir una relación más cercana con los consumidores, y no necesariamente con fines de lucro. Los productores consideran que los elementos socioculturales, como la confianza, el compromiso, el sentido de justicia y la cooperación mutuamente beneficiosa, son vitales para mantener a sus clientes locales. Los productores argumentan que es vital preservar las tradiciones y proteger los valores locales. Todos estos factores influyen en el nivel de motivación de un productor para estar dispuesto a operar en una cadena corta. Una relación personal mutuamente beneficiosa basada en la confianza y valores comunes entre el productor y el consumidor ayuda a los consumidores a comprender los costos “reales” del producto que compran, y dar a los productores un ingreso justo por su trabajo, también significa reconocimiento y estima ética (Ványi, y Felföldi, 2021). Hay un comportamiento altruista por la solidaridad con los pequeños productores (Baldi et al., 2019).
En lo que respecta a la dimensión ambiental, las granjas orgánicas emplean métodos de cultivo y crianza que minimizan el impacto negativo. Los pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos se reducen significativamente o se eliminan, lo que da lugar a menos sustancias tóxicas en el suelo, el aire y el agua. Esto reduce la exposición a sustancias nocivas para los agricultores, los consumidores y los ecosistemas aledaños. Las cadenas de suministro de alimentos largas se asocian a sobreproducción, exceso de embalajes y sistemas de distribución complicados, lo que contribuye al desperdicio de alimentos. En las cadenas cortas, los alimentos van directamente del productor al consumidor, y se reducen las pérdidas (Drejerska y Sobczak-Malitka, 2023). Los productos suelen venderse con un uso mínimo de embalaje, tecnología de producción menos intensiva y modos de transporte respetuosos con la naturaleza (Ványi y Felföldi, 2021).
Las cadenas cortas pueden trabajar en conjunto con las estrategias de agricultura climáticamente inteligente (Morkūnas et al., 2022). Además, en la adopción de estas cadenas hay que incluir medidas de prevención, no solo de recuperación frente a los impactos derivados del desperdicio de alimentos (Ali et al., 2021). Las cadenas cortas también son útiles para enfrentar la pérdida de agrobiodiversidad genética, derivada de la disminución del cultivo de variedades o ecotipos de frutas locales (Testa, Migliore et al., 2020). Es necesario adoptar medidas para evaluar la sostenibilidad ambiental en las cadenas de suministro, la evaluación del ciclo de vida permite probar los beneficios esperados de la agricultura orgánica de vegetales y de formas alternativas de distribución (Tasca et al., 2017).
Además de la sostenibilidad, han emergido estudios en el marco de la pandemia del COVID-19. Por ejemplo, Granillo-Macías (2024) analizó los cambios en las configuraciones de las cadenas de suministro agroalimentarias de América Latina impuestos por los mercados como efecto de la pandemia de COVID-19. Como resultado de esta reconfiguración, el desarrollo de cadenas cortas fue una de las estrategias más utilizadas durante el COVID-19 en Latinoamérica. Por otra parte, los mercados callejeros de productos orgánicos se consideran una cadena corta de suministro de alimentos, y su importancia adquirió nuevas proporciones desde que el COVID-19 trajo dificultades a la cadena de suministro tradicional (Oliveira et al., 2021).
También es importante comprender las percepciones y las motivaciones de los consumidores para comprar productos agrícolas sostenibles, explorar la correlación entre la demografía de los consumidores y la participación en actividades de compra local, y el compromiso político y ético de los consumidores para aumentar la conciencia de la sostenibilidad ambiental y apoyar el desarrollo económico de la comunidad (Ashtab y Campbell, 2021). En la misma línea, Szabó y Juhász (2015) afirman que los vendedores necesitan una comprensión precisa de los requisitos de sus clientes. Las cadenas cortas deben recibir una retroalimentación continua. Un formulario de evaluación de proveedores puede servir para apoyar y desarrollar estas cadenas de suministro a nivel local (Pató y Kiss, 2020).
Finalmente, para que las cadenas cortas de suministro funcionen bien, es necesario fortalecer la gobernanza para los productores locales, para que puedan entrar en el mercado (Vîntu et al., 2016). Una implicación de política es que el gobierno debería estar más preocupado por la sostenibilidad de las cadenas de suministro cortas (Zhang et al., 2019).
Las cadenas cortas son mucho más que una tendencia. En realidad, son una respuesta concreta a los desafíos del sistema alimentario global. Su aporte trasciende la dimensión económica, al generar beneficios sociales y ambientales que refuerzan la seguridad alimentaria. Con cada compra local, fortalecemos vínculos de confianza, impulsamos la producción responsable y contribuimos a un futuro más sostenible. Porque cuando elegimos lo cercano, también elegimos cuidar el planeta.
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Autor
Vilma Estefanía Tapias Benítez
Consultora de marketing Cámara Verde de Comercio capítulo de Colombia, Investigadora en sostenibilidad
Referencias
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